El pez más peligroso…Luy
Regla de tres elemental:
¿Si un presidente gringo, escudado tras la más letal maquinaria de guerra, invade un país para capturar mandatarios “incómodos” y corruptos, por qué otros países poderosos no pueden capturar presidentes norteamericanos desquiciados y desbordados de lujuria por el poder?
Por: eduardo a arias a
Maliciosos e intrigantes cuchicheos de “prominentes” venezolanos y colombianos incendiaron la enfermiza mente codiciosa de Donald, quien apoyado en sus arrogantes y ambiciosos alfiles, elaboraron un minucioso plan para desmembrar a América Latina.
Ya en sus garras de águila imperial tienen capturado un ramillete de gobiernos latinoamericanos, que Estados Unidos titiritea a su antojo, destruyendo la unidad de América del Sur.
Honduras, Costa Rica, El Salvador, Panamá, República Dominicana, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Argentina, Chile y ahora Venezuela, constituyen la más poderosa colonia de los Estados Unidos Imperial.
Desde siempre, la bota invasora gringa se pasea con frecuencia por los países de américa latina y del mundo entero, dejando a su paso un reguero de dictadores que nos llenan de muerte y de pobreza, mientras ellos, los imperialistas más abominables del planeta, saquean recursos naturales para acrecentar sus riquezas.
Estados Unidos minó la influencia de Europa en el mundo, y con un dólar dominante en la economía global, logró debilitar naciones prominentes como Inglaterra, Alemania, Francia, España, Italia y los países nórdicos.
Y con mayor rigidez controla países árabes, asiáticos y africanos, que ahora en las manos de un patético y multimillonario hombre de negocios que usa su poder para enriquecerse y enriquecer a sus millonarios socios, se corona como el nuevo imperio de todo.
Y así lo anunció su presidente con un cinismo avasallador propio de sátrapas y dictadores sifilíticos, que gobiernan con mentiras, imponiendo miedo, cobrando revanchas y jugando al póker con cartas marcadas. Todo un hijo de puta.
Organizaciones como la ONU, la OEA, la OTAN, y muchísimas otras, fueron sacadas a patadas de la agenda de un presidente gringo que necesita sus garras libres para actuar a su antojo, con un enorme y amenazante ejército de guerra resguardado en sus bolsillos.
Condenado por falsificar documentos que lo relacionan con una actriz porno, Trump convirtió esta decisión judicial en una fortaleza electoral que fue políticamente desvanecida en las urnas, demostrando como en ese país desapareció el respeto por la moralidad y la ética pública que tanto pregonaban allí.
El engreído pelafustán no tiene pudor para decir públicamente que “no quiero gente de países de mierda en Estados Unidos”, y menos para evadir todas las normas que le exigen un comportamiento apegado a la constitución y a las leyes. Es un mandatario sin límites ni ataduras propias del cargo.
Su política contra inmigrantes latinos es brutal y los paramilitares que la llevan a cargo son unos animales sin alma ni compasión. Separan las familias en medio de escenas desgarradoras que dan la vuelta al mundo, generando sentimientos de odio y de ira contra un Trump inhumano.
Y cómodamente sentados, como espectadores de un show de broadway en New York, comiendo palomitas de maíz y con su mente absolutamente en blanco, se observa a un auditorio de estadounidenses pálidos, tembleques y cobardes, presenciando como un horrendo y malvado sujeto hace trizas su amado país.
Con Donald de presidente, el ciudadano norteamericano fue excluido de las decisiones gubernamentales más espinosas y su opinión no está siendo oída por el nuevo emperador del mundo.
Finalmente, para aquellos Estados Unidos apegado a la cultura bíblica, puede resultar útil recordar un pasaje bíblico que explica el deseo prohibido por las posesiones ajenas, como las frutas del vecino.
Éxodo 20:17 (parte de los Diez Mandamientos):
«No codiciarás la casa de tu prójimo;
no codiciarás la mujer de tu prójimo,
ni su siervo, ni su sierva,
ni su buey, ni su asno,
ni nada que sea de tu prójimo».
Este mandamiento prohíbe el deseo intenso e ilegítimo por lo que pertenece a otros, incluyendo sus bienes materiales, simbolizados en las frutas.

