¿Están los políticos “petrificados” conscientes de que la mayor fuente electoral se encuentra incrustada en el antiuribismo y el antipetrismo?
Aquí los expertos oráculos, que tantas veces nos llenaron de miedo e incertidumbre con sus apocalípticas visiones del futuro, pronostican absurdas realidades políticas motivados por la visión real de perder otras elecciones.
La gavilla del poder colombiano, constituida por multimillonarios banqueros, empresarios, políticos, gremios, magistrados y sus medios de comunicación, han promovido el lanzamiento desmesurado de candidatos de todos los tamaños, buscando una gran alianza electoral que derrote, no a Iván Cepeda, si no al presidente Gustavo Petro.
Y con este objetivo, las diversas fuerzas políticas de derecha se han lanzado a la reconquista del poder, no para resolver los problemas de fondo de la inmensa marginalidad colombiana, si no para reconquistar el manejo de los jugosos negocios públicos y continuar con la rutina del enriquecimiento ilícito.
Y si no es así, por qué nos preguntamos todos: ¿“Por qué los políticos son tan ricos”? ¿Y si no es así, por qué las propuestas de la derecha giran sobre la eliminación de impuestos para los más poderosos? ¿Y si no es así, por qué la derecha quiere retomar el ritmo de la destrucción ambiental?
Respuesta: por su codicia y para conservar los degenerados privilegios que toda la vida el Estado les ha otorgado, porque sí.
Pero se ha tropezado con una realidad encuestada: Nadie quiere ya votar por esa derecha mal oliente y amenazante…y entonces “salta la rana”.
La tal rana es un pintoresco abogado de personajes siniestros, amigo del titiritero paisa, a quien lambonea sin pudor alguno, que tiene como estrategia política amenazar con destripar a la izquierda, encarcelar a Petro y destruir todo vestigio de los acuerdos de paz.
Es el mismo que salía por televisión con una tarjeta “mágica” de DMG, con la que él invitaba a adquirir, no para ganar, si no para perderlo todo, como sucedió.
La rana en mención no cumple ningún requisito político, ni administrativo para aspirar a la presidencia, y no se ve como los sabuesos de la política tradicional colombiana le vayan a regalar esa aspiración, cuando ellos mismos están montados sobre otra estrategia de poder.
Pero la pregunta más espeluznante es: ¿los colombianos se atreverán a votar por un sujeto como esta rana, con todos los inconvenientes que lleva consigo?
¿Y la nuestra glamorosa derecha se rendirá a sus pies cediéndole todas sus huestes y pronunciando discursos a su favor?
Lo que hemos visto también, es que muchas veces, “la rana salta y se estaca”. Y si no, pregúntenle al camaján de Medellín.