Hace pocos meses, países tan poderosos y soberbios como China y Estados Unidos querían comprar naciones. China pretendía 300 kilómetros cuadrados de Islandia y los norteamericanos a Groenlandia. Las potencias juegan al monopolio todos los días, deslumbrando, arrasando e imponiendo con su preponderancia reglas y bloqueos donde quieran…pero un día todo cambió.
Cuando el planeta despedía el 2019 con la noticia de que un extraño bicho despedazaba a China, lo ignoramos y levantando las copas de champán dimos la bienvenida al 2020, augurándonos todos un año lleno de salud, armonía y prosperidad…China estaba tan lejos!
Pero en los primeros meses y con tan sólo chasquear los dedos, el bicho denominado por los científicos como “Covid-19”, selló para siempre los ojos de miles de seres que lanzaron su último aliento lejos de los suyos, y rodeados de incertidumbres y preguntas que aún no tienen respuesta.
La petulancia de los gobernantes, en álgido pulso con las autoridades sanitarias, quiso imponer protecciones ventajosas a los medios de producción sobre la vida misma. Y en ese forcejeo, el bicho arrastró a hornos crematorios y a fosas comunes a seres que recibieron entre abrazos alegres, un año que resultó fatal para sus sueños e ilusiones.
A estas alturas, en la línea de fuego y cuando el bicho se ha transformado en una mortífera pandemia, es imposible enunciar cifras. Cada minuto aumentan los infectados, los muertos y hasta los pocos recuperados.
Las calles de las tumultuosas, imponentes y emblemáticas ciudades del mundo, un día se encontraron vacías y silenciosas, y por sus espléndidos bulevares sólo vimos animales silvestres, tal y como se recreó en la película “Soy Leyenda”.
Pero la situación empezó a generar nerviosismo de un lado y furia de quienes, del otro lado, sin alimento, sin empleo, desechados por unas sociedades que cómodamente pasaban su cuarentena en casa, se lanzaron en hordas a buscar comida y dinero para subsistir. Ya no importaba el contagio…”preferimos morir de coronavirus que de inanición”, gritaban sus improvisadas pancartas.
La máscara de nuestro vanidoso mundo se resquebrajó y descubrimos que su arrogante postura no era más que un endeble y lustroso maquillaje que al caer dejó ver la inestabilidad de unos Estados dizque poderosos que no pudieron reaccionar con sus paquidérmicos y limitados servicios de salud pública.
Las bolsas accionarias del mundo se desplomaron con una facilidad pasmosa y la carrera para encontrar una vacuna que detuviera la pandemia se convirtió en ofrenda política.
Entre tanto observamos como las cifras de contagiados y muertes crece cada día sin soluciones a la vista, generando incertidumbre, miedo y cólera pública contra unos gigantes arrodillados y humillados por un enemigo mortalmente invisible.
Coronavirus:
Desde que apareció en China, el virus creció exponencialmente infestando a la mayoría de los países del mundo, causando millares de muertes que ningún plan de salud ha podido controlar plenamente, y obligando a ocultar el rostro humano tras tapabocas que generan tristeza, desespero y rabia.
El bicho científicamente conocido como Orthocoronavirinae, sorprendentemente no es nuevo. Sus antepasados ya hicieron estragos en el siglo IX antes de Cristo, pero fue en los 90 cuando se descubrieron los primeros lazos comunes del coronavirus.
Sin embargo los científicos aseguran que desde el año 3.300 a.c. se identificó el Betacoronavirus.
En el 3.000 a.c. estaba el Deltacoronavirus.
En el 2.800 a.c. investigadores descubrieron una epidemia de Gammacoronavirus.
Y en el 2.400 a.c. apareció el Alphacoronavirus.
En el siglo XVIII, se observó que el coronavirus bovino estaba ligado al hombre, y entre 1890 y 1899 se descubre que afecta al humano, sin saberse si proviene de una mutación.
El rastro más cercano surge a mitad del siglo XX cuando se identifica al OC43, relacionado estrechamente con murciélagos.
Pero el que contagia vertiginosamente a los humanos aparece en los años 60 en las cavidades nasales, lo que permite identificar seis miembros de esta familia siendo el último el 2019-nCoV o coronavirus.
En Septiembre del año 2012, el peligroso coronavirus fue detectado en Arabia Saudita.
Y esto para decir que el bicho no es una peligrosa novedad, y que la ciencia médica lo perdió de vista y NO lo percibió como un letal enemigo público a pesar de las notas científicas sobre su comportamiento.
En el Centro Médico Erasmus de los Países Bajos, el genoma fue descifrado por primera vez con el código HCoV-CEM (Virus Corona Humano).
Después se renombró como “coronavirus de Oriente Medio” –MERS-CoV- (Síndrome Respiratorio Coronavirus de Oriente Medio), atendiendo su principal característica que son las numerosas aletas que tiene en su superficie dando una impresión de corona solar.
El virus causa diferentes enfermedades, desde un resfriado común, hasta el Síndrome Respiratorio Agudo Severo, conocido como SARS.
Sus primeros síntomas son fiebre alta, tos seca, dolores musculares y de cabeza, ardor en garganta y puede terminar en neumonía con dificultad para respirar.
La Guerra:
Ignorando que el coronavirus nos devora a sus anchas, con sociedades nerviosas y apocalípticas, con soluciones médicas inciertas, China y Estados Unidos sostienen un round público acerca de sus responsabilidades en esta pandemia.
Países como China, España, Italia y Estados Unidos que sufren la mayor pérdida de vidas humanas, lanzaron un modelo de cuarentena que fue rápidamente acogido por los demás países como una medida de contención, que además de NO mostrar resultados inmediatos, provocó una serie de transformaciones sociales en lo familiar, en el desempeño de su cotidianidad laboral vía online, en la escolaridad virtual, en la suspensión de las grandes competencias deportivas, en el cierre de comercios, empresas, turismo, bares, restaurantes, salas de teatro y de conciertos, dejando vacías todas las ciudades y poblaciones del mundo…”quedarnos en casa o contaminarnos peligrosamente”, fue el eslogan del planeta.
Desde casa, el planeta entero oró en todas las religiones posibles, pidiendo un milagro: la vacuna para enfrentar al bicho…
Y de su mano episodios lamentables como los cruceros que nadie quiere recibir en sus puertos, o los viajeros varados en inmensos aeropuertos clausurados por la pandemia, lejos de sus países y de los suyos.
Además se encuentran los profesionales de la salud que viven absurdamente en medio de dos aguas: los vecinos que los consideran una amenaza que contamina y la ciudadanía que los elevó a categoría de héroes por la invaluable tarea que vienen cumpliendo en la atención de los infectados. En Bogotá, por ejemplo, algunos taxistas decidieron transportar sin costo a cualquiera de ellos.
Y lo peor, algunos pacientes que se vienen recuperando en casa, han sido víctimas de ataques, de insultos y de discriminación, en una oleada de pánico que nos alerta sobre lo que algunas personas estarían dispuestas a hacer contra los infectados
Entre tanto, Estados Unidos, Alemania, Francia, Canadá, Cuba, China, Suiza y otras naciones, en asocio con los más grandes laboratorios farmacéuticos del mundo sostienen una batalla contra el tiempo buscando la mejor vacuna y un sistema de distribución rápido que ahogue la angustia humana y el desespero de los medios de producción a punto de desplomarse.
Pero el milagro parece estar lejos, muy lejos de quienes respiran ya con dificultad, de quienes empiezan a sentir los síntomas, de las familias y de los entornos de cada nuevo paciente que son aislados de todos los suyos y les toca enfrentar en solitario este difícil momento en sus vidas.
El coronavirus llegó a nosotros, se transformó en una pandemia impensable, silencia la vida de millares de personas cada día, nos impuso férreas cuarentenas amontonándonos en casa y transformando nuestras relaciones sociales…es como una afilada espada de Damocles colgando sobre nuestro cuello todo el día, es la muerte más invisible que nunca, es un bicho que nos puso de rodillas a todos!
Quédate en Casa, sigue las reglas, cuida tu vida y la de los otros…mañana nadie sabe!