Desde la pavorosa noche del 14 de Abril de 2014, la población del Chibok permanece en agonía con sentimientos encontrados entre la rabia que sienten contra un gobierno timorato y cobarde, y la tristeza de saber que sus niñas ya no regresarán…Chibok, una población de tierra roja con casi 70 mil habitantes, pertenece al Estado de Bomo situada al noreste de Nigeria, el país más rico del África.
RI/em.co.- Las lágrimas vertidas por los padres de las 219 niñas brutalmente secuestradas por el grupo musulmán religioso Boko Haram, que significa “la educación occidental es inmoral y es pecado”, continúan derramándose por las 112 que aún no regresaron y por otras que murieron inmoladas, enfermas, mordidas por serpientes o asesinadas por sus captores.
Captores que también han muerto en combates, o ejecutados por sus compañeros, o muertos por enfermedades, o que huyen del propio horror que ayudaron a desparramar por gran parte de Nigeria.
Pero el terror que contiene esta absurda historia, aumenta desproporcionadamente cuando jóvenes y mujeres, rescatadas por el ejército nigeriano, son luego abusadas repetidamente por soldados a cambio de alimentos.
También se conocieron relatos de niñas intercambiadas por prisioneros del grupo rebelde, o que escaparon de sus captores y fueron luego cruelmente rechazadas en sus familias por considerarlas “mujeres del Boko Haram”. Algunas de ellas embarazadas debieron buscar refugios lejos de este poblado.
Así entonces, las jóvenes que vivieron este horrendo episodio al final de su infancia, resultan desmesuradamente atormentadas en un país acostumbrado a voltear la cara para no enfrentar las tremendas realidades que está obligado a resolver.
Pero también hay que decir que algunas otras niñas fueron recibidas con infinito amor y comprensión por parte de sus padres, hermanos y su núcleo familiar y de amigos, que las han cubierto de besos, mimos y mucha comprensión, intentando retornarlas a una “vida normal”.
Son estas niñas que regresaron las que han contado los terrores que viven en medio de estos “ogros negros” que devoran sin piedad la inocencia y la vida de una niñas frágiles e indefensas, que no intentaron jamás oponerse a las bestiales acciones de los cobardes milicianos musulmanes.
Del infierno en que estuvieron por largos años nos traen el relato de hombres degollados en su presencia. Del entrenamiento en manejo de armas que recibían, de las largas y extenuantes lecciones de islamismo, de las violaciones masivas a que eran sometidos cualquier día a cualquier hora.
También vieron cuando algunas de sus compañeras fueron separadas del grupo para transformarlas en “niñas bombas” que murieron inmoladas luego de ser drogadas y amenazadas con furia infinita.
Y entre las historias referidas, se destaca el episodio del secuestro de 110 niñas del Colegio Técnico de Ciencia en la población de Dapchi, del que fueron liberadas repentinamente 91, quienes contaron como una de ellas, Leah Sheribu, continuó retenida al negarse rotundamente a renunciar a sus creencias cristianas, acción que la podría convertir en esclava del grupo terrorista.
Y aquí uno no puede dejar de preguntarse cómo continuar describiendo estas atrocidades sin un nudo en la garganta, cuando vimos a personal de apoyo de las Naciones Unidas derrumbarse en llanto ante las narraciones de estas menores.
Pero al lado de la sanguinarias acciones de este grupo de matones que ha destruido poblados enteros y causado ya más de 20 mil muertos, dos millones de desplazados internos y siete millones de personas que dependen de la ayuda humanitaria, otro letal enemigo de la población se organiza desde el poder.
Porque este grupo islamista logró penetrar bajo amenazas o intrigas, importantes esferas del Estado que conspira contra el gobierno y sus políticas de defensa, brindando soporte a feroces criminales dispuestos a llevar a Nigeria a un ámbito netamente religioso del Islam.
Hoy el noreste del país parece una república independiente ante la falta de efectividad militar por parte del gobierno que observa paralizado como Boko Haram ataca cada población de esa zona capturando mujeres y niñas por órdenes directas de su demente líder Abubakar Shekau que juró raptarlas para satisfacer todas sus aberraciones sexuales.
Por la intimidación que produjo una lamentable leyenda de guerra, se empezó a llamar a estas niñas “las vírgenes de Boko Haram”, como algo emblemático y altamente significativo.
Sin embargo este episodio desgarrador ofrece historias diametralmente asombrosas, como la protección de autoridades armadas para un puñado de aquellas niñas del Chibok que ingresaron a la Universidad Americana de Nigeria.
Otras con más suerte fueron aceptadas en Universidades de Estados Unidos y otros países.
Organismos de Naciones Unidas aseguran que son más de 4.000 los menores secuestrados por este grupo radical religioso, que implementaron un jugoso negocio con la venta de niñas y de mujeres como esposas, esclavas y como objetos de satisfacción sexual en los mercados negros del Chad o Camerún, e incluso entre los militantes de su organización que en una sola sesión violaron hasta 15 veces a las más jóvenes de ellas.
Lo impensable que un ser humano ligeramente racional NO haría con menores de edad, es precisamente lo que estos “Ogros Negros del Yihad” vienen haciendo con brutal alevosía a las jóvenes y niñas de un país que cobardemente no ha sido capaz de rescatar, proteger ni cuidar a sus mujeres.
Las niñas del Chibok se transformaron en un símbolo que desde la oscuridad de un África impotente, acusa y señala la cobardía del mundo…
Niñas secuestradas en Nigeria
son obligadas a cortar gargantas,
realizar acciones suicidas y a
combatir por Boko Haram
Es un hecho…las 219 niñas secuestradas en una escuela de la aldea de Chibok en Nigeria la noche del 14 de abril de 2014, no volverán a casa. Las inocentes manos con las que jugaban y pintaban en el internado de donde las raptaron, fueron obligadas a mancharse de sangre, a suicidarse con chalecos bomba y a empuñar armas para defender una causa a la que le temen más que nada en esta vida y en la otra. Entre tanto la solidaridad del mundo con ellas desapareció casi por completo y la ineficiencia del gobierno para combatir al grupo yihadista Boko Haram es vergonzosa.
Dos años después las agencias internacionales de noticias apenas recogen algunas macabras versiones esporádicas sobre el caso de las niñas secuestradas en una escuela en el noreste de Nigeria, que indican claramente que las menores no tienen posibilidad alguna de volver a casa.
Mujeres liberadas durante enfrentamientos casuales entre el ejército y el grupo rebelde que han tenido contacto con algunas de ellas, le han contado al programa Panorama de la BBC detalles pavorosos sobre la realidad que hoy rodea a las menores.
Según relatan, las niñas fueron convencidas de casarse con combatientes, luego de que integrantes de Boko Haram degollaran frente a ellas a cuatro hombres, advirtiéndoles que esta sería su suerte si no accedían a sus pretensiones maritales. Otras fueron vendidas en las redes de tráfico en países vecinos
Además contaron que hace más de un año un grupo importante de estas niñas fue obligado a enrolarse en las fuerzas armadas de Boko Haram, participando en sangrientas tomas y combates lo que las involucra psicológica y físicamente en una guerra de pasiones religiosas difícil de evadir.
Las testigos aseguran que las jóvenes obligadas a unirse al grupo islamista, están siendo utilizadas para aterrorizar a otros cautivos e incluso están llevando a cabo ejecuciones a sangre fría.
Boko Haram fuerza a niñas a atentar para superar el cerco y la pérdida de hombres y según un informe de UNICEF, la secta usó a niñas en el 75% de estos ataques durante 2015.
También se comprobó que este movimiento insurgente utiliza cada vez más menores como terroristas suicidas, muchas de ellas forzadas o drogadas.
Si en 2014 los ataques protagonizados por niños con explosivos adosados a su cuerpo fueron cuatro, en 2015 esta cifra se multiplicó por 10 y llegó a 44, según el informe publicado por UNICEF. De ellos, tres de cada cuatro fueron chicas (75%).
Exponer a estas niñas a la violencia extrema parece ser una estrategia utilizada por Boko Haram para despojarlas de su identidad y del sentido de humanidad que aún albergan en su incipiente conciencia de adolescentes, encausándolas a aceptar la brutal ideología de los militantes.
Víctimas:
Amnistía Internacional tiene un informe donde señala que desde 2009 Boko Haram ha matado a unas 17.000 personas, ha causado el desplazamiento de 2,5 millones y causó una oleada de 300.000 refugiados en los países vecinos, de ellos 5.500 civiles en el noreste de Nigeria.
El documento cuenta como en abril de 2014 el grupo islámico entró en una escuela de Chibok y se llevó a 219 jóvenes entre 12 y 18 años, que todavía están desaparecidas. Muchas de ellas cristianas.
Las jóvenes están entre las 2.000 mujeres y niñas secuestradas desde 2014 por Boko Haram, caso que en su momento provocó la atención internacional, desvanecida hoy con el paso del tiempo.
Una menor de 17 años que permaneció secuestrada seis meses y que logró escapar de los campamentos de los delirantes islamitas, describió detalladamente los horribles momentos que debió soportar luego de ser obligada a casarse con un militante, del que espera un hijo.
«Nos dijeron que nos preparáramos, que nos íbamos a casar con ellos», recuerda de sus primeros días en el campamento. Ella se negó junto con otras cuatro muchachas. Fue entonces cuando las amenazaron con degollarlas.
Aterrorizadas, pensando en los afilados cuchillos atravesando sus cuellos, accedieron casarse y fueron violadas repetidamente. «Fue muy doloroso», recuerda. «Estaba allí sólo en cuerpo…no podía hacer nada frente a la ferocidad de unos hombres que imponían su fuerza sin escuchar nuestros inútiles ruegos y súplicas».
Estigmatización:
Ahora las menores parecieran estar enfrentando un nuevo y doloroso reto: muchas mujeres que escapan de su cautiverio quedan estigmatizadas y son rechazadas por sus familiares y clanes por ser «esposas de Boko Haram».
Entre tanto otras jóvenes liberadas por el ejército nigeriano de manos de los militantes islamistas en el norte de Nigeria, contaron que algunas de sus compañeras fueron lapidadas mientras el ejército avanzaba para rescatarlas.
Algunas hablaron un día después de que cerca de 300 mujeres y niños fueran liberados de una zona tomada como bastión por miembros del grupo islamista en el bosque de Sambisa, acción que no impidió que un número aún indeterminado de mujeres, murieran brutalmente lapidadas.
Las sobrevivientes también contaron que cuando fueron capturadas, los militantes mataron a los hombres y a los jóvenes enfrente de sus familias antes de llevarse a las mujeres y a los niños al bosque.
Una mujer que dio a luz en cautiverio explicó que los yihadistas cortaron el cuello a su esposo enfrente de ella, antes de que fuera separada de sus tres hijos.
Otra describió cómo sólo recibían una sola comida al día. «Nos daban sólo maíz seco a medio día. No era bueno para el consumo humano y esto llevó a la malnutrición, la enfermedad y la muerte de algunas de las secuestradas”.
Boko Haram, que significa “la educación occidental es inmoral y es pecado”, impuso esta bandera para arrasar con un sistema educativo a través del cual la mujer de Nigeria tendría mejores posibilidades de progresar en el país más notable de África.
Por el momento no hay indicios de que alguna de las liberadas pertenezca al grupo de las muchachas de Chibok secuestradas por Boko Haram en una escuela hace dos años. La facción, que se formó en 2002, ha declarado su intención de derrocar al gobierno y crear un Estado Islámico en el norte, luego de hacer pública su adhesión al autodenominado Estado Islámico en marzo.
Guerra a Boko Haram:
El pasado febrero, el ejército nigeriano, con el apoyo de los países vecinos -Camerún, Chad y Níger-, lanzó la mayor ofensiva contra Boko Haram, recuperando territorio sobre el que había impuesto su control el grupo islamista.
Bakary Sambe, investigador experto en yihadismo en África occidental, asegura que “el uso creciente de niñas en sus acciones no muestra sino el debilitamiento de Boko Haram, cada vez más acorralado”.
“La campaña militar del Ejército nigeriano y la intervención de las Fuerzas Armadas de los países limítrofes, como Camerún, Chad y Níger, han encerrado a los miembros de Boko Haram en tres zonas: el lago Chad, el extremo norte de Camerún y la zona fronteriza con Diffa, en Níger.
Su capacidad de lanzar grandes ataques está muy mermada y por eso buscan objetivos fáciles, usando para ello a niñas como terroristas suicidas”, explicó Sambe, director del Instituto Timbuktú y fundador del Observatorio de radicalismos y conflictos religiosos en África (ORCRA).
Este experto destaca que “muchos” de los 8.000 combatientes que se estima que Boko Haram posee en la actualidad han mostrado su deseo de abandonar la disciplina del grupo. “Es el gran problema de hoy, ver cómo facilitar las cosas para que puedan salir. Tienen miedo del Ejército nigeriano. Si se quedan van a morir, si se salen también, ese es su dilema. Nigeria tendría que ofrecer posibilidades de reinserción que ahora mismo no hay”, añade Sambe.
Sin embargo, una contraofensiva del Ejército y la creación de una fuerza militar conjunta con Camerún, Níger y Chad en 2015 han hecho retroceder al grupo y han mermado su capacidad operativa.
Otro elemento importante ha sido el corte de sus fuentes de financiación, según Sambe. “Aunque su líder habla del islam, muchos de los miembros del grupo no tienen ideología. Algunos ni siquiera son musulmanes o no conocen el Corán; otros son combatientes forzados, de pueblos que han sido ocupados y que se enfrentaron a la decisión de coger las armas o entregar la vida.”.
El politólogo senegalés, autor del libro Boko Haram, de problema nigeriano a amenaza regional, revela que el dinero llega al grupo de varias fuentes: el secuestro para cobro de rescates y tráfico de personas, el robo considerado por ellos como botín de guerra, incluidos bancos y cuarteles militares, impuestos forzados a notables del norte del Nigeria que pagaban para no ser atacados, traspaso de fondos de otras organizaciones terroristas como Al Qaeda en los primeros años de actividad del grupo e, incluso, de organizaciones islámicas de beneficencia de ideología wahabita.
Un país rico y contraidores
Nigeria, rico en petróleo y considerada la primera economía del África que podría integrarse a las potencias emergentes urgidas de inversiones y desarrollo de la economía, es un país con más de 177 millones de habitantes gobernado por el ex militar golpista, Muhammadu Buhari, quien derrotó en recientes elecciones a Goodluck Jonathan, acusado de graves casos de corrupción que afecta a una población mayoritariamente pobre y resentida.
El nuevo mandatario, quien prometió una lucha frontal contra los extremistas, intentará rescatar al ejército y a su aparato de inteligencia de la infiltración ejercida por Boko Haram, para acabar con una fuerza irregular que parece igualarlos con armamento moderno y carros blindados, lo que les permite enfrentar con gran efectividad todas sus sangrientas acciones, realizadas en gran parte por hombres pobres del Chad y Níger a quienes contratan por dinero.
Fuentes periodísticas y políticas aseveran que el grupo, además de los dineros obtenidos por rescates de secuestros, tienen respaldo de políticos y oficiales de seguridad desleales que han construido lazos con fuerzas yihadistas como Shabab en Somalia y Al Qaeda en el Magreb Islámico.
Boko Haram fue muy popular en la ciudad norteña de Maiduguri, su lugar de nacimiento, cuando surgió en 2002 como una secta religiosa aprovechando la indignación pública por la corrupción, la pobreza y la percepción de que el norte es marginado por el gobierno federal.
Sin embargo, perdió el apoyo después de que el grupo se volvió más radical y asesinó a líderes musulmanes moderados y puso bombas en iglesias y otros lugares públicos.
Las niñas raptadas de Nigeria
no volverán a casa
Qué hacer… estamos encerrados en el mismo manicomio con todos los locos del mundo. Con fanáticos dementes como el grupo exterminador Boko Haram, que secuestró desde abril de 2014 a 200 estudiantes entre los 12 y 18 años, y en acciones posteriores retuvo a centenares de jóvenes más, y todo esto ante el vergonzoso silencio del mundo y sus pretenciosos organismos de seguridad y de derechos humanos… rabia y pavor!
Nadie sabe en qué lugar de la oscura agenda presidencial de Nigeria se encuentra el caso de las niñas secuestradas desde la noche del 14 de abril de 2014 por la organización terrorista de la yihad, los guerreros del santo islamismo, conocido como Boko Haram.
Esa noche en el internado de la aldea de Chibok, decenas de niñas musulmanas y cristianas presentaban sus exámenes finales. Era la única escuela que permanecía abierta en la remota zona del estado de Borno, que tampoco contaba con ningún sistema de seguridad para contener un ataque.
Varias de las 58 niñas que lograron escapar de sus captores, contaron como en medio de un aterrador retumbar de botas militares, 200 hombres armados que dijeron pertenecer al ejército nigeriano, ingresaron al internado en 20 vehículos advirtiéndoles de una posible agresión externa contra ellas e invitándolas a subir ordenadamente a camiones y autobuses que desaparecieron en la espesura de la selva.
Las menores se percataron del engaño cuando los terroristas incendiaron la escuela después de robar provisiones. Algunas, viendo las dificultades que los secuestradores tenían para controlarlas, se lanzaron de los vehículos y aprovechando la penumbra de la noche se escondieron hasta el amanecer entre los arbustos del lugar.
Sin embargo, las hermanas Aisha y Hima, hijas de Jolly Teika, una humilde mujer de la región, quedaron atrapadas en poder de este grupo, que esa misma noche atacó los alrededores de la aldea saqueando el comercio y oficinas, y matando a varias personas.
Las adolescentes habían regresado al internado a presentar sus exámenes de fin de año, pese al cierre de decenas de centros educativos en el estado de Borno, provocados por los continuos ataques que el grupo fundamentalista despliega contra ellos por considerarlos “inmorales”, en un acto de autoridad secular desmedido que ha provocado la muerte de estudiantes y profesores. Sus asaltos se han enfilado también contra iglesias cristianas, la policía y ejército, y los demás organismos del estado.
Pero el hecho más dramático lo causó un video en donde los secuestradores amenazaron con vender por doce dólares a las niñas como esclavas sexuales o para trabajos forzados en países vecinos como Níger y Camerún, grabación que fue confirmada por otras escolares que huyeron días después del secuestro y que también denunciaron abusos sexuales, maltratos e intimidaciones religiosas.
La última noticia que se tuvo del caso vino de boca de su líder, considerado una mezcla de teólogo y gánster, Abubakar Shekau, quien en un video el 1 de noviembre aseguró que el caso de las jóvenes estaba cerrado y olvidado porque hacía mucho que las había casado y convertido el islam. «Están en sus hogares maritales», dijo, riéndose entre dientes.
Tiempo después el mismo Shekau proclamó a través de un mensaje de audio, la lealtad de la organización Boko Haram al autoproclamado ISIS y a su califa, Abú Bakr al Baghdadi, según ha informado el experto en terrorismo islamista Aaron Zelin.
En cuanto al secuestro masivo de niñas, sólo la agencia de noticias AP hizo contacto con este grupo que informó que dos niñas murieron por mordeduras de culebras y 11 estuvieron enfermas, sin precisar el número de secuestradas.
El plagio se produjo un día después que el grupo terrorista religioso detonara una bomba en Abuya, la capital del país, causando la muerte a 75 personas en un acto retador que busca desestabilizar a un gobierno corrupto y en declive que no puede controlar a esta sanguinaria organización que ha matado, según el Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, a más de 10.000 personas, causado el desplazamiento de 250 mil y que tiene a más de tres millones enfrentando una crisis humanitaria.
Tres semanas después del rapto de las escolares, otras 11 niñas fueron secuestradas en la localidad de Warabe al parecer por la misma organización, que a sangre y fuego pretende imponer la tesis musulmana extrema de impedir que las mujeres reciban educación, por considerar que fueron concebidas exclusivamente para labores del hogar como esposas.
De hecho Boko Haram significa “la educación occidental es inmoral, es pecado”, y con esta bandera busca arrasar un sistema educativo a través del cual la mujer de Nigeria tendría mejores posibilidades de progresar en el país más notable de África.
En marzo los extremistas asaltaron otro internado rural en Yobe dando muerte a 29 hombres, pero preservando la vida de las jóvenes a quienes ordenó ir a casa y casarse. Según analistas, Boko Haram sintió que su orden había sido desafiada, y el nuevo secuestro masivo se hizo en represalia buscando imponer su voluntad.
Entre los familiares de las niñas corre el rumor de que éstas habrían sido separadas en pequeños grupos y esparcidas en los 60 mil kilómetros cuadrados del Parque Natural Sambisa, guarida desde donde opera impunemente el grupo, cerca a la frontera con Camerún.
Frente a esta dura posibilidad, el analista especializado en Boko Haram, Jacob Zenn, dijo a medios internacionales que “la liberación de estas niñas podría durar más de una década”, y basó su teoría al trazar un paralelo entre este grupo y el ejército de resistencia de Uganda que lucha por un estado bíblico y que se especializa en secuestrar jóvenes que luego utiliza como soldados, esclavos sexuales y sirvientes. “Unos son liberados como parte de iniciativas de paz, mientras otros son mantenidos en cautiverio toda la vida”.
En agosto, en medio de otro brutal ataque, raptaron a otros 100 muchachos en la población de Doron Baga, situado también en el estado de Borno, provocando desplazamientos entre sus moradores. Padres de los jóvenes secuestrados aseguran que sus hijos serán reclutados y difícilmente recuperados por las autoridades o liberados en una acción de «buena voluntad»
Decenas de niñas de Chibok se escaparon, pero hay 219 que siguen desaparecidas. Los militares nigerianos temen que cualquier acción de rescate puede hacer que las maten. No obstante, aldeanos aseguran que aviones del gobierno bombardean zonas donde hay niñas cautivas.
Una de las niñas fugadas dice que los insurgentes amenazaron con cortar las piernas a toda muchacha que intentase escapar. Pero ella y otras seis lo hicieron.
Nigeria, rico en petróleo y considerada la primera economía del África que podría integrarse a las potencias emergentes urgidas de inversiones y desarrollo de la economía, es un país con cerca de 177 millones de habitantes gobernado por Goodluck Jonathan, acusado de graves casos de corrupción que afecta a una población mayoritariamente pobre y resentida.
El ejército y su aparato de inteligencia infiltrado por Boko Haram, están siendo igualados con armamento moderno y carros blindados, lo que les permite enfrentar con gran efectividad todas sus sangrientas acciones, realizadas en gran parte por hombres pobres del Chad y Níger a quienes contratan por dinero.
Fuentes periodísticas y políticas aseveran que el grupo, además de los dineros obtenidos por rescates de secuestros, tienen el respaldo de políticos y oficiales de seguridad desleales que han construido lazos con fuerzas yihadistas como Shabab en Somalia y al Qaeda en el Magreb Islámico.
Boko Haram fue muy popular en la ciudad norteña de Maiduguri, su lugar de nacimiento, cuando surgió en 2002 como una secta religiosa aprovechando la indignación pública por la corrupción, la pobreza y la percepción de que el norte es marginado por el gobierno federal.
Sin embargo, perdió el apoyo después de que el grupo se volvió más radical y asesinó a líderes musulmanes moderados y puso bombas en iglesias y otros lugares públicos.
Ahora se cree que sus combatientes provienen -en su mayoría, al menos- de la etnia Kanuri a la que pertenece el líder Abubakar Shekau, quien es mucho más radical que su predecesor, Muhammad Yusuf, quien fue asesinado por las fuerzas de seguridad nigerianas en 2009.
Estados Unidos daría una recompensa de US$7 millones por información sobre la ubicación de Shekau, quien es actualmente el hombre más buscado en África.
En el año que ha pasado Boko Haram intensificó su feroz campaña. En agosto comenzó a tomar ciudades e imitando a la organización Estado Islámico, dijo que restablecería un antiguo califato islámico en la región. Los combates se expandieron del otro lado de las fronteras nigerianas y la Unión Africana autorizó una fuerza multinacional de 8.750 soldados para tratar de contenerlos.
Lo cierto es que este grupo islamista -que ya opera en Nigeria, Camerún, Niger y Chad- se ha convertido en una organización cada vez más sofisticada y difícil de combatir.
China, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos que ofrecieron su ayuda en el rescate de las niñas, mientras que países africanos vecinos como el Chad, Níger, Camerún y Benin, intentan crear un frente común para combatir a este grupo con patrullas multinacionales controlando las fronteras, han fracasado rotunda y vergonzosamente… entre tanto la suerte de las niñas es una dolorosa responsabilidad que nadie quiere asumir.
Mónica Mark, es ahora un recuerdo fotográfico en las manos de su devastada madre.