
Cuando los colombianos descubrieron que la zona cafetera no era solamente una fuente de producción económica importante para el país, sino que además era dueña de un paisaje montañero entrañable y nostálgico, donde el aguardiente y la música son compañeras de la felicidad, decidieron convertir esta zona en la más pujante región turística en la Colombia de hoy.
El apogeo turístico que vive el Quindío arrastra un peligroso enemigo: una oleada de construcciones que amenaza con devastarlo todo. Parece que no existiera un solo cafetero que no quiera vender sus tierras para transformarlas en lujosas casas de campo, cabañas campestres u hoteles temáticos ecológicos.
La ola turística generó un fenómeno de doble vía: quienes vienen al Quindío quieren un terreno campestre donde veranear o vivir, como es el caso de numerosos “bien” pensionados. Y de otro lado, la de los cafeteros que no quieren perder la oportunidad de vender sus tierras a precios elevados a constructores de todo el país que ven aquí un momento de oro para su negocio.
Y cuando estos protagonistas se reúnen, el entrañable paisaje cafetero entra en suspenso y empieza a peligrar. Lo peor, este es un asunto que al parecer no tendría ningún control del estado por la naturaleza privada del mismo y por alguna legislación que estableció confusos códigos sobre el uso adecuado de terrenos.
Los cuyabros se preguntan quién del Quindío puede comprar casas o apartamentos tan lujosos a los precios que los ofrecen las constructoras. Y la respuesta la dan ellos mismos: “gentes de otras regiones, que sin duda cambiarán nuestro ritmo de vida”.
Recordemos que este pequeño, pero poderoso departamento, hace unos años era baluarte en el país en la defensa de tradiciones, del uso del suelo y de su medio ambiente. Se llegó incluso a decir que en esta zona no se tumbaba una guadua o un árbol sin permisos previos.

Pero las cosas han cambiado, y lo expresan sus mismos habitantes cuando reconocen que de aquel ciudadano sereno y respetuoso que habitaba este departamento, empieza a surgir un ser humano más ambicioso que piensa más en su beneficio y menos en la comunidad.
Hoy en Armenia, por ejemplo, se comenta que un poderoso grupo hotelero chino quiere construir en sus cafetales un inmenso y moderno hotel, que seguro impactará no solamente el paisaje sino sus fuentes de agua.
Y con seguridad, este tipo de construcciones jalonará la aparición de otras cadenas que no quieren perderse un pedazo de la torta que ofrece la región más prometedora en turismo ubicada en el centro del país.

Pero su esencia campesina y cafetera quien la cuidará?
Casi la totalidad de la tierra del Quindío pertenece a la alta clase social del departamento, que se mueve más por los intereses económicos que por las reminiscencias de una tierra que aún conserva algún núcleo humano sensible y arraigado a su tradición montañera cafetera.
Frente a esta perspectiva, el entorno cafetero, considerado patrimonio de la humanidad, estaría en peligro si no aparece una fuerza cívica poderosa que se atraviese entre los particulares y los públicos, para impedir que el dinero se apodere del paisaje.
Porque esta historia tiene un principio…el gremio del café ha sido el único en el país que dedicó parte de sus ganancias en el desarrollo de su sector humano. Por eso el eje cafetero tiene una mejor infraestructura en salud, en educación, en vivienda, en servicio públicos, en vías y en atención de créditos agrícolas, sin esconder las dificultades que se afrontan en los tiempos de crisis.

Desde entonces el Quindío ha mantenido el paisaje cafetero y campesino más genuino del país. Con sus yipaos, sus exuberantes platanales, su colorido cafetal, sus diversos cultivos y ese permanente paisaje de montaña, de nubes y soles rojos en la tarde.
Y eso exactamente es lo que se afectará si no se ponen de acuerdo para armonizar progreso con naturaleza, tal y como lo describe un documento titulado “Quindío Modelo de Ocupación Departamental” presentado en el 2014, en donde se plantea un Pacto por la Integración y el Desarrollo del Quindío.
Y este documento no oculta lo aquí expuesto, al contrario lo advierte a gritos:
«Las presiones generadas por el turismo en el departamento y la marcada parcelación de los suelos para la construcción de vivienda campestre ha generado una problemática en las zonas rurales, por la generación de obstáculos visuales que impiden el goce y el disfrute del paisaje como espacios públicos de contemplación, que paradójicamente se constituye en uno de los principales atractivos de la oferta turística de Armenia y el Quindío”.
Volvamos a la realidad. Programen un paseo entre la Tebaida y El Caimo y observen el desarrollo de lujosas viviendas que allí se establecen como modelo de vida. Muy lejos de la idea inicial de ofrecer un turismo de finca cafetera anclada en el tiempo, limpia y colorida.

Pero la amenaza no sólo está en el turismo…
Hace algún tiempo Fabio Rincón Cardona, director de la Cátedra Unesco de la Universidad Nacional de Manizales, lideró una investigación en los 47 municipios que conforman el eje cafetero y del que hacen parte Caldas, Risaralda, Quindío y Valle, con 120 mil hectáreas sembradas de café, cuyo precio internacional permanece en un inquietante vaivén.
La investigación demostró que hay que afrontar la minería irracional (con 345Km cuadrados concesionados), el cambio climático, los malos manejos del agua, algunas malas prácticas en materia ambiental, además de los problemas sociales que incluye, desempleo, microtráfico y brotes de turismo sexual. También hay que tener en cuenta que el relevo generacional en el campo no está enfocado en las prácticas agrícolas, sino en actividades más urbanas.

Con este panorama amenazador, que aún se puede evitar e incluso armonizar, pensando en cualquier tipo de progreso y desarrollo urbano y campestre que respete el sentido tradicional de lo humano y proteja con fuerza el medio ambiente, queda expuesta una tarea inaplazable para que las fuerzas vivas del Quindío, sus organismos y ONGs ambientales y todos los colombianos sensatos, defendamos al eje cafetero de un turismo devastador e irreparable.

El triste adiós de los nevados
La explicación científica: el promedio de la temperatura global durante los últimos 100 años (1906-2005) aumentó 0,74°C, y la cubierta de hielos permanentes decreció. La época más calurosa se ubica entre 1995 y 2005, fenómeno atribuible a las actividades humanas que continuará cambiando la composición de la atmósfera afectando la temperatura del planeta… la nieve de los nevados colombianos desaparecerá en 50 años.

Toda la información concerniente se concentra en el ámbito de la Naciones Unidas, en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), cuya tarea radica en analizar de forma objetiva, abierta y transparente la información científica, técnica y socioeconómica relevante que permita entender el riesgo que supone los cambios climáticos provocados por actividades humanas, sus repercusiones y las posibilidades de atenuación y adaptación.
En 50 años, en Colombia el deshielo afectaría seriamente las fuentes de agua que hoy surten acueductos de importantes conglomerados urbanos. Del parque los nevados se surten 40 municipios de Caldas, Quindío, Risaralda y Tolima.
El área tiene una gran importancia hidrográfica, pues allí nacen innumerables fuentes de agua. El deshielo producido por las nieves y antiguos cráteres volcánicos originan los cauces iniciales de los ríos que conforman, dentro del parque, 10 subcuencas y 19 corrientes. Seis de estas desembocan en el río Magdalena y cuatro en el Cauca, siendo las más destacadas los ríos Combeima, Chinchiná, Quindío y Otún.
En total, esta red hidrográfica suministra el agua necesaria para el consumo de más de dos millones de habitantes del eje cafetero, gran parte de las zonas arroceras y algodoneras del departamento del Tolima y mantenimiento de las necesidades agroindustriales de valles del río Cauca y Magdalena.
En la región Caribe de Colombia se halla el glaciar de la Sierra Nevada de Santa Marta, la montaña intertropical más alta del mundo a orillas del mar, cuyos picos más altos, Colón y Bolívar, llegan a 5.700 metros.
Allí nacen numerosos ríos que riegan las planicies de los departamentos de Magdalena, César y Guajira. En su territorio viven unos 15.000 indígenas arhuacos, descendientes de los habitantes de Ciudad Perdida, uno de los centros prehispánicos más poblados del país.

En otro brazo de los Andes, la cordillera Oriental, se levanta la Sierra Nevada del Cocuy, que da nombre a un parque de 306 hectáreas en jurisdicción de los departamentos de Boyacá y Casanare.
La Sierra Nevada del Cocuy es la masa de hielo y nieve más extensa de América del Sur sobre la línea ecuatorial. Alberga 22 picos nevados con alturas que oscilan entre los 4.800 metros del pico Diamante y 5.330 metros del Ritacuba Blanco.

Por último, en la cordillera Central está el glaciar del Huila cuya actividad volcánica es evidente, pues de sus grietas emanan gases y cristales de azufre en alturas hasta de 4.900 metros. Sus fuentes de agua fluyen a los dos principales ríos del país, el Cauca y el Magdalena.
Al final el balance es dramático: el nevado del Ruiz es el que más nieve ha perdido, el del Tolima es el que menos hielo conserva y el de Santa Isabel es el que se derrite más rápido.
8 Volcanes-Nevados que murieron:
Volcán-nevado Puracé (Cauca y Huila). Desapareció como nevado en 1940.
Volcán Sotará (Cauca y Huila). Desapareció como nevado en 1948.
Volcán-nevado Galeras (Nariño). Desapareció como nevado en 1948.
Volcán Chiles (Nariño). Desapareció como nevado en 1950.
Volcán del Cisne (Caldas y Tolima). Desapareció como nevado en 1960.
Volcán Pan de Azúcar (Cauca y Huila). Desapareció como nevado en 1960.
Volcán del Quindío (Risaralda-Tolima y Quindío). Desapareció como nevado en 1960.
Volcán Cumbal (Nariño). Desapareció como nevado en 1985.


