Vargas Lleras le debe su vida pública al partido liberal que hoy desdeña, pero sobre todo a esa condición inconcebible de camaleón político, de manzanillo calculador y barato que camufla tras aquella arrogancia descarada que esparce por doquier, como recordándonos quien es el amo de la chacra y de la casa mayor…resistencia!
Los colombianos ya nos acostumbramos a ver al ex Vicepresidente/Candidato lacerado, herido, operado, calvo, desmayado, con pelo, fumando, vociferando, retando, intrigando…es la caricatura más patética de la política colombiana, porque todo lo que le sucede lo convierte en pieza de comunicación, con la ayuda de los grandes medios que son sus amigos personales.
Porque en esto de cultivar amigos importantes y de grandes alcances económicos, no hay quien lo supere. La lista es larga, sin embargo el más reconocido es el célebre empresario Alberto Ríos Velilla, a quien señalan como su mayor financiador de campañas políticas.
En su círculo íntimo figuran los hijos del Luis Carlos Galán, el de Rodrigo Lara, el de Maruja Pachón, como también Néstor Humberto Martínez (el hombre de los mil cargos), Jaime Lombana el abogado del poder, Eduardo Montealegre, el ex ministro Carlos Medellín, Gonzalo Córdoba Mallarino, la familia Char de Barranquilla, Javier Cáceres, entre otros muchos, todos vinculados al mundo de la política o empresarial.
Pero al reverso de esta viñeta está el Vargas Lleras consentido y de pataletas que termina amistades con la misma facilidad con que las consigue. Es larga la lista…su tío Carlos Lleras de la Fuente, Juan Lozano, Álvaro Uribe (de quien fue su escudero en la primera campaña presidencial), Roy Barreras, Gustavo Petro y su séquito, Horacio Serpa, Piedad Córdoba y muchos más.
Al ser derrotada su segunda aspiración presidencial, fue el primero en unirse a la campaña de Juan Manuel Santos, gobierno del que fue Ministro del Interior y de Justicia y luego de Vivienda. En la segunda aspiración se presentó como fórmula vicepresidencial y desde allí se dedicó a liderar toda la política de infraestructura que agitó como si fuera iniciativa propia.
Pero su ambición y la influencia que ejerció sobre el presidente Santos, lo llevó a coordinar políticas y negocios de agua potable, ambiente, minería, hidrocarburos y transporte, convirtiéndolo en un pulpo que todo lo acaparó y devoró a sus anchas.
Después de largos años en el Concejo de Bogotá, fue cuatro veces senador de la república. Es decir 16 años, más los de concejal y su nuevo rol de ficha de gobierno, nos muestra nítidamente que este Vargas Lleras siempre ha vivido, y muy bien, del dinero de los colombianos, sólo que él lo hace para servirle a un pequeño núcleo de poderosos y dudosos hombres de alta alcurnia social y política.
Por eso se cree el dueño del país y nos mira como si fuésemos sus peones de campo. Como los ignorantes a quienes no se nos debe explicar nada…“desagradecidos!” Nos reclama. “Qué tal éstos?” Remata expresando uno de los pocos cachacos rolos vigentes en la política.
Y como pretende cubrir todos los ámbitos en busca de simpatías electorales, se volvió teniente de la reserva del ejército, para que los militaristas de este país vieran en él al comandante que requiere nuestra carnicería social.
Y así, él es el sol en una especie de sistema planetario de relaciones públicas, donde en todos los ámbitos del poder nacional tiene un satélite aliado, un confidente, un contacto o incluso líneas directas con las cabezas de entidades gubernamentales o privadas más importantes de Colombia.
Su meticulosa red de contactos es su mayor instrumento de mando que sólo él manipular con prodigioso virtuosismo a través del lobby, la intriga, las recomendaciones, el palancazo y del clientelismo descarado, como en los casos de los ministerios de Vivienda y del Medio Ambiente, que sin duda fueron fortines políticos para su campaña, sumándose al Ministerio de Transporte, Findeter, el Fondo Nacional del Ahorro, la Superintendencia de Salud y el Sena.
Aquí lo que más preocupa y molesta a los colombianos, es la forma en que Santos le cedió tanto poder a este coscorroneador y ex Vicepresidente/Candidato, que hoy se echó al bolsillo el Ministerio de Salud, inmerso en el manejo de la pandemia.
Con tanto poder consolidó un amplio dominio político regional que armó a través de las entregas de vivienda y de las obras de infraestructura que se construyeron por todo el país, sin escatimar aspectos morales o de ética política que lo encumbraron en sus primeros años de actividad parlamentaria.
Ahora entendemos por qué el delfín Galán renunció a la presidencia de Cambio Radical, dando paso al petulante vástago del ex ministro Lara, que apoyó con cinismo a Oneida Pinto para que llegara a la gobernación de la Guajira respaldada en la sombra por un político criminal. Así Galán sigue “impoluto” y Lara continuará posando de hombre “célebre” y “famoso” en Colombia.
El final de esta radiografía, muy conocida y difundida por los medios de comunicación y por algunas corrientes políticas atentas al devenir de este hombre público, nos permite señalar que la aspiración de Germán Vargas Lleras a la presidencia está plagada de impedimentos morales, éticos y de orden jurídico, por el nivel de relación que viene entablando con contratistas, empresarios, caciques políticos y líderes cívicos, rendidos ante la abultada chequera del desarrollo colombiano que manejó durante la era Santos.

